¿Qué es el doomscrolling?

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Qué es el doomscrolling (y por qué se disparó desde 2020)

Ya hemos hablado anteriormente del brainrot y su impacto; ahora es tiempo de hablar sobre otro fenómeno de las redes sociales.

El doomscrolling es ese hábito de deslizar sin parar por noticias, hilos y videos centrados en lo negativo: crisis, polémicas, catástrofes. El objetivo consciente suele ser “mantenerme informado”, pero la práctica termina siendo un consumo compulsivo que incrementa ansiedad y roba tiempo de descanso. Desde 2020 el fenómeno se hizo visible por una mezcla perfecta: noticias constantes, incertidumbre global y plataformas con scroll infinito que nunca “terminan” la página.

Detrás hay mecanismos muy humanos. Nuestro cerebro presta más atención a lo que percibe como amenaza (sesgo de negatividad), y las plataformas aprenden rápido qué te engancha: si te detienes en un post alarmante, el algoritmo te sirve más de lo mismo. El resultado es un feed que refuerza emociones intensas, reduce la sensación de control y te empuja a “ver un poco más” antes de dormir o al despertar.

Scroll infinito, algoritmos y el “sesgo de negatividad”

  • Scroll infinito: sin puntos claros de cierre, tu cerebro no recibe la señal de “misión cumplida”.

  • Algoritmos: priorizan lo que maximiza tiempo de pantalla; el contenido polarizante o alarmista suele generar más interacción.

  • Sesgo de negatividad: prestamos más atención a riesgos que a buenas noticias; a igual relevancia, lo negativo gana clic.

Doomsurfing vs. doomscrolling: ¿hay diferencia?

Se usan casi como sinónimos. “Doomscrolling” se asocia a deslizar en redes móviles; “doomsurfing”, a saltar por enlaces en la web. En ambos casos el patrón es el mismo: una espiral de consumo negativo difícil de cortar.

Señales de alerta: cuándo informarte se vuelve consumo compulsivo

No hace falta “dejar las redes” para reconocer banderas rojas. Si te ves en varias de estas, probablemente ya estás dentro del bucle:

  • Tiempo y horarios: dices “dos minutos” y pasan 30. El pico suele ser de noche o al despertar.

  • Efectos físicos: tensión en cuello/mandíbula, ojos secos, cansancio al día siguiente.

  • Efectos mentales: rumiación (“y si…”, “qué pasará…”), mal humor y un “modo alarma” constante.

  • Conducta: saltas de una plataforma a otra sin objetivo; guardas enlaces “para después” que rara vez vuelves a leer con calma.

  • Relaciones: conversas menos, contestas con monosílabos o te quedas “medio presente” incluso en comidas o reuniones.

Ansiedad, insomnio y estado de ánimo

Dormir con el teléfono en la mano, exponerse a pantallas brillantes y a contenido estresante antes de cerrar los ojos es una receta para el insomnio. A mediano plazo, el ánimo tiende a volverse más irritable o apático. No es solo “estar informado”; es que el cuerpo queda en modo vigilancia y le cuesta bajar revoluciones.

Indicadores en adolescentes (pistas para padres)

  • Cambios en el sueño (acostarse tarde, despertarse cansados).

  • Bajada de actividades que antes disfrutaban.

  • Temas de conversación hiperfocalizados en polémicas/temores.

  • Se llevan el teléfono al baño o a la mesa y reaccionan mal si se les pide dejarlo.

Por qué seguimos deslizando: FOMO, control y hábitos

Tres ingredientes sostienen el bucle:

  • FOMO (miedo a perderte algo): si desconectas, temes quedarte desactualizado o “fuera de la conversación”.

  • Búsqueda de control: consumir más información parece dar seguridad, pero a menudo solo suma ruido.

  • Hábitos y diseño: notificaciones, autoplay, scroll infinito y recomendaciones están pensados para reducir la fricción y aumentar el tiempo de uso.

La psicología detrás del bucle

Nuestro sistema dopaminérgico responde a recompensas variables. Un post impactante entre diez irrelevantes mantiene la expectativa: “el siguiente sí valdrá la pena”. Esa intermitencia es poderosa y explica por qué decimos “último scroll” tantas veces.

El papel de las plataformas y sus incentivos

Los modelos de negocio basados en atención premian el engagement. Eso no convierte a las redes en “malas”, pero sí obliga a usar configuraciones y límites conscientes si queremos que el feed juegue a nuestro favor.

Cómo dejar el doomscrolling hoy (guía práctica paso a paso)

1) Limitar tiempo por app y crear “paradas” al scroll infinito

  • iOS (Tiempo de uso): Ajustes → Tiempo de uso → Límites de apps → elige redes/noticias → define un tope diario (p. ej., 25–40 min). Activa Código para no saltártelo por impulso.

  • Android (Bienestar digital): Ajustes → Bienestar digital y controles parentales → Panel de control → marca límites por app y programa “Descanso” nocturno (escala de grises + No molestar).

  • Extensiones de escritorio: usa bloqueadores/temporizadores (p. ej., LeechBlock, StayFocusd) para feeds infinitos. Crea bloques de 15–30 min entre 2–3 franjas del día.

Tip: pon el móvil en blanco y negro por las noches. Quita animaciones y burbujas: menos estímulo, menos atracción.

2) Silenciar palabras y limpiar tu feed (X/Instagram/TikTok)

  • X (Twitter): Configuración → Privacidad y seguridad → Silenciar y bloquear → Palabras silenciadas (añade términos y hashtags). También puedes mudar listas temáticas para entrar “solo cuando toque”.

  • Instagram: Configuración → Notificaciones → desactiva “Mejores publicaciones”. Usa Palabras ocultas para filtrar términos en comentarios y mensajes.

  • TikTok: Ajustes → Preferencias de contenido → Filtrar palabras clave. Además, mantén pulsado en un video y marca “No me interesa” para reentrenar el algoritmo.

Regla de oro: si un tema te activa en exceso (p. ej., tragedias en tiempo real), filtra y consulta fuentes de resumen una vez al día en horario definido.

3) Rutinas nocturnas y “dieta informativa”

  • Horario de corte: fija una hora tope (p. ej., 60–90 min antes de dormir). A partir de ahí, modo avión o móvil fuera del dormitorio.

  • Sustituye el gesto: prepara alternativas de “cambio corto” (leer 5 páginas, estiramientos, audio tranquilo).

  • Dieta informativa: elige 2–3 fuentes de calidad y consúltalas en dos ventanas del día (mañana y tarde). Evita la “actualización continua” cuando el tema todavía está en desarrollo.

4) Qué hacer si necesitas ayuda (cuándo ir a terapia)

Si notas ansiedad persistente, alteraciones del sueño por semanas o impacto en el trabajo/estudio y relaciones, considera apoyo profesional. Un enfoque cognitivo-conductual ayuda a romper cadenas de hábitos, y técnicas como registro de activación y exposición programada a noticias funcionan bien en estos casos.

Preguntas rápidas (FAQ)

¿El doomscrolling es lo mismo que estar informado?

No. Informarte implica intención, fuentes delimitadas y cierre. El doomscrolling es compulsivo, extendido y sin objetivo claro.

¿Cómo diferenciar “preocupación razonable” de ansiedad alimentada por el feed?

Si vuelves al tema una y otra vez sin nueva acción posible y el cuerpo se activa (tensión, taquicardia, mente acelerada), probablemente ya cruzaste el límite.

¿Vale la pena desinstalar redes?

Puede ser útil temporalmente, pero lo sostenible es reconfigurar: límites, silencios, horarios y listas.

¿Qué hago con las notificaciones?

Deja solo las dirigidas a ti (mensajes, menciones de trabajo). Silencia todo lo que sea “sugerencias” o “tendencias”.

¿Y si mi trabajo exige estar al día?

Diseña ventanas de monitoreo (p. ej., a :15 de cada hora), usa listas/fuentes curadas y deja un colchón de 5 min antes de cada reunión para cerrar feeds.

Conclusión

El doomscrolling no es falta de fuerza de voluntad: es una intersección entre sesgos humanos y diseños sin fricción. La salida pasa por poner límites visibles, reeducar el algoritmo y encapsular el consumo de noticias en horarios concretos. Con unas cuantas decisiones técnicas y de hábitos, el feed vuelve a ser una herramienta —no un agujero negro.